Hay momentos que cambian una vida. No siempre llegan con grandes ceremonias ni con titulares espectaculares. A veces comienzan en silencio, con una bata recién estrenada, una acreditación colgada al cuello y la mezcla inevitable de ilusión, responsabilidad y vértigo que acompaña a quien está a punto de convertirse en especialista. Ese es el instante que viven cada año los nuevos Médicos Internos Residentes (MIR) cuando comienzan en sus correspondientes hospitales y centros de salud de la provincia de Jaén. Se trata de un punto de partida que marca el comienzo de una de las etapas más intensas, exigentes y transformadoras de la profesión médica.
Conscientes de la trascendencia de ese primer paso, como cada año, el Colegio Oficial de Médicos de Jaén ha abierto las puertas de la institución que desde ese día de la bienvenida es también su casa profesional. Lejos de un acto protocolario, el encuentro celebrado en las instalaciones del Colegio el pasado 15 de junio se convirtió en una conversación entre generaciones. Una oportunidad para transmitir que detrás de una institución centenaria existen personas, recursos y un compromiso permanente con quienes han elegido dedicar su vida al cuidado de los demás. Porque ser médico no empieza el día en que se obtiene un título universitario. Comienza realmente cuando la teoría se encuentra con la realidad. Cuando aparecen las primeras guardias, las primeras decisiones difíciles, las primeras conversaciones con pacientes y familias. Cuando la Medicina deja de estudiarse para empezar a vivirse. Es precisamente en ese momento cuando el Colegio cobra un significado especial. Así se puso de manifiesto por los representantes de la Junta Directiva que tomaron la palabra en el transcurso de este sencillo acto de acogida.
El Colegio: mucho más que una institución
Para muchos profesionales, el Colegio Oficial de Médicos es el lugar al que acudir cuando surge una duda administrativa o es necesario realizar un trámite. Sin embargo, su verdadera dimensión va mucho más allá. Es el espacio que protege el ejercicio profesional, vela por la ética médica, impulsa la formación continuada, asesora jurídicamente, ofrece apoyo psicológico cuando es necesario y representa la voz colectiva de una profesión imprescindible para la sociedad. De todo esto se habló por parte de sus representantes comenzando por su presidente, Gerardo Péréz Chica, quien también cedió la palabra al coordinador de atención del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME), Francisco Lara Cabeza, y posteriormente a la vocal de Médicos Jóvenes y Promoción de Empleo del Colegio, Marta Castro López.
Durante la jornada, los nuevos residentes pudieron conocer de primera mano la amplia cartera de servicios que el Colegio pone a su disposición desde el primer día de residencia. Formación científica, asesoramiento profesional, actividades culturales, en definitiva, recursos para el desarrollo de la carrera médica y espacios de encuentro forman parte de un ecosistema pensado para acompañarles durante un periodo especialmente intenso de aprendizaje.

El responsable de la atención en el programa PAIME, Francisco Lara Cabeza y la vocal de Médicos Jóvenes, Marta Castro López durante sus intervenciones.
Una generación que afronta nuevos desafíos
Cada promoción de residentes llega con su propio contexto. La actual lo hace en un momento de enormes transformaciones para la profesión. La revolución tecnológica, la incorporación de la inteligencia artificial a la práctica clínica, el envejecimiento de la población, la creciente complejidad asistencial y la necesidad de preservar la humanización de la Medicina dibujan un escenario tan apasionante como desafiante. A ello se suma una realidad que preocupa a toda la profesión: el cuidado de quienes cuidan. La salud mental de los profesionales sanitarios, la conciliación, la prevención del agotamiento emocional y la mejora de las condiciones laborales se han convertido en prioridades ineludibles. El Colegio mantiene un firme compromiso con estos retos, convencido de que solo unos médicos cuidados pueden ofrecer la mejor atención posible a sus pacientes.
La residencia no consiste únicamente en adquirir conocimientos científicos. Es también una escuela de valores. Los nuevos MIR aprenderán técnicas diagnósticas, habilidades quirúrgicas o procedimientos clínicos, pero también descubrirán algo que ningún manual puede enseñar completamente: la escucha, la prudencia en la incertidumbre, la importancia del trabajo en equipo y el privilegio de acompañar a las personas en algunos de los momentos más delicados de sus vidas, en definitiva la importancia de la comunicación médico-paciente. Ese legado se transmite cada día entre tutores, especialistas y residentes. Una cadena de conocimiento que generación tras generación mantiene viva la esencia de una profesión basada en la confianza.
El Colegio, compañero de viaje
La residencia terminará dentro de unos años. Llegarán nuevas responsabilidades, nuevas decisiones y nuevos destinos profesionales. Sin embargo, el vínculo con el Colegio permanecerá. Porque la colegiación no representa únicamente una obligación legal. Es, sobre todo, la pertenencia a una comunidad profesional que comparte unos mismos principios: excelencia, ética, independencia, formación permanente y defensa de una Medicina de calidad según indicó el máximo responsable de la entidad, Gerardo Pérez Chica. Por eso, la bienvenida a los nuevos MIR simboliza mucho más que el inicio de una etapa formativa. Representa la incorporación de una nueva generación de médicos que escribirán el futuro de la sanidad. Profesionales que acaban de comenzar a construir una trayectoria que exigirá esfuerzo, sacrificio y aprendizaje continuo, pero que también les regalará una de las mayores recompensas que existen: la posibilidad de mejorar la vida de los ciudadanos.

La Junta Directiva del Colegio recibe cada curso a los nuevos MIR con la convicción de que acompañarles desde el primer día significa también contribuir a construir una Medicina mejor. Porque detrás de cada gran especialista hubo un residente que un día cruzó una puerta cargado de preguntas. Y porque detrás de cada buen médico siempre hay una profesión que nunca deja de aprender y una institución que nunca deja de estar a su lado.